Comercio

Frente de la Panadería y Confitería Barachi, ubicada en Avenida Savio 652, Río Tercero. 

Panadería Barachi, 50 años elaborando sabores únicos

La empresa familiar, que transita por su segunda generación en Río Tercero, está celebrando sus cinco décadas de trayectoria comercial en la ciudad. “Somos muy apasionados y súper dedicados”, nos contó Analía Barachi.

Por Baltazar Vargas I 11 de septiembre 2026

El lunes 13 de septiembre de 1976 abría por primera vez sus puertas Barachi en Río Tercero, atendida por sus dueños y matrimonio, Clerio Barachi y Graciela Cantelli, quienes, en poco tiempo, y más aún ahora, a 50 años de aquella inauguración, convirtieron al primero de los apellidos en epónimo de panadería en esta ciudad.

Cuando en 1976 Clerio tenía 25 años, decidió emprender por cuenta propia una panadería, continuando el oficio que había aprendido trabajando con su padre, Nesildo, quien hacía ya 35 años que tenía su panadería La Moderna en Almafuerte.

Ese año, su suegro le comentó que se vendía una panadería en barrio Belgrano de Río Tercero, en Hipólito Yrigoyen y Francisco Ramírez, esquina en la que comenzó a leudar esta rica historia.

“Mi mamá nos contó que cuando entró a esa panadería, se vio ahí adentro”, comentó a El Comercial Analía Barachi, quien, junto a su hermano, Clerio Martín, como su papá, conducen hoy la empresa que crearon sus padres.

Son la segunda generación de Panadería Barachi en Río Tercero, pero la tercera de una familia dedicada a esta actividad.

A comienzo de los 80, Marangoni, un panadero que tenía su negocio sobre Avenida Savio, cada vez que lo cruzaba a Clerio le decía: “Barachi, ¿cuándo me vas a comprar la panadería?”.

En 1982 cerraron negocio y Panadería Barachi abrió en Av. Savio 652, donde atiende hasta la actualidad. Dos años después, en 1984, la familia decidió alquilar su primera panadería para concentrar toda su producción en el más nuevo y amplio local.

“Fue la primera panadería y confitería que tuvo la ciudad”, recordó Analía. “Cuando abrimos fue un suceso. En esa época no había una panadería con el mobiliario que teníamos nosotros. Era un negocio que lucía”.

“Nuestro padre era visionario, pero él siempre decía que podía hacer las cosas porque su esposa era una locomotora, siempre tirando para adelante. Él la escuchaba porque reconocía que ella también tenía visión de futuro”, contó sobre el trabajo y los proyectos que tenían como familia.

Dentro de esos planes, y con el crecimiento que venían teniendo como empresa familiar, comenzó a rondar la idea el de abrir una panadería en el centro.

En 2001, la familia Barachi abrió su nueva panadería en calle Vélez Sarsfield, casi Sarmiento, en pleno centro de la ciudad. “La hicieron de primera”, recordó Analía. Ese local hoy también es  una acogedora cafetería.

“Nosotros de chicos ya trabajábamos. Martín comenzó como ayudante a los 14 y a los 16 ya elaboraba el pan. Siempre estuvo relacionado a todo lo que implica este rubro y siempre fue la cara visible del local de Savio”, dijo Analía.

En 1995, cuando Analía se recibió de Analista de Mercado, la familia decidió abrir nuevamente el local de Hipólito Yrigoyen y Francisco Ramírez, que quedó a su cargo.

Los Barachi reabrieron por unos años, entre 1995 y 2003, la panadería de Irigoyen y Ramírez, hasta que nuevamente decidieron cerrarla para concentrarse en la del centro y en la de Av. Savio.

En julio de 2022 Clerio falleció. “Nuestros padres nos dejaron un gran legado. Ellos eran unos apasionados y nosotros los supimos escuchar para seguir por ese camino”, dice Analía.

De las tantas cosas que sus padres les transmitieron, ella recordó dos: una cuando su papá cobraba en la caja y despedía a los muchachos diciéndoles: “Tigre, que tengas un excelentísimo día”. Ciertamente esa era una expresión característica de Clerio, una muestra de afecto, de calidez. También recordó que sus padres les enseñaron a ser agradecidos. “Si la gente saca el auto para venir a comprar a nuestro negocio, cómo no la vamos a recibir con una sonrisa y le vamos a agradecer”, les decían.

Clerio y Graciela tuvieron tres hijos. Berenice, creció y trabajó junto a sus padres y hermanos, en la empresa familiar, pero luego se abrió camino en la actividad inmobiliaria.

Graciela sigue trabajando en la panadería. “Ella dice que es su lugar en el mundo”, cuenta su hija.

Sobre qué los caracterizó en estos 50 años, Analía dice: “Creo que elaboramos productos que tienen un sabor único. Somos muy apasionados y súper dedicados, desde que hacemos la masa hasta cómo exhibimos los productos”, remarca.

“En estos 50 años sentimos mucha emoción; sentimos que todo pasó muy rápido y que solo tenemos gratos recuerdos”, finalizó Analía.

De izquierda a derecha: Berenice, Clerio, Graciela Cantelli, Analía y Martin Barachi.