Comercio

Eduardo Sacraida junto a su hija Isabella y su esposa Sabrina, frente al local de El Contento, en Alberdi y 25 de Mayo. 

El Contento, la fábrica de escabeches que nació por pedido de los invitados a una fiesta de bautismo

El negocio nació en 2019 creado por su dueño, Eduardo Sacraida. En la actualidad produce y vende en un establecimiento modelo ubicado en Alberdi y 25 de Mayo de Río Tercero.

Por Baltazar Vargas

Eduardo recuerda que cuando tenía unos 10 años le preparaba el fuego a su papá, Eduardo (“Kiko”), bajo su atenta supervisión, para que hiciera el asado familiar del fin de semana.

Le fascinaba prender el fuego y contemplar cómo la llama iba creciendo entre la leña y se iban formando las brasas.

Desde entonces comenzó a encenderse su pasión por cocinar con fuego y esa llamita interior alumbró un nuevo proyecto cuando nació su hija Isabella, en 2019.

El día de su bautismo, en agosto de ese año, Eduardo Sacraida invitó a su casa a sus seres queridos para festejar ese acontecimiento.

“Ese día preparé escabeche ahumado de verduras en un disco de arado; a todos les encantó”, recordó en diálogo con El Comercial.

Uno de los invitados le preguntó si también preparaba escabeches para vender y enseguida otros le propusieron hacerlos para ofrecerlos al público. Esa reunión lo impulsó a incursionar en la producción en serie de escabeches.

Sin dejar que esa chispa emprendedora se apagara, fue a Bromatología de la Municipalidad y se asesoró. “Descubrí que había un mundo detrás de las conservas”, recordó.

Llevar su preparación casera a un público consumidor masivo le demandaba gran cantidad de pasos. “Fui autodidacta, leí mucho, miré tutoriales en YouTube y descubrí que la preparación en serie era compleja”, reconoció.

Pero la decisión estaba tomada. A la par de su profesión de fotógrafo, fue produciendo escabeches para vender, desde su casa, con habilitación bromatológica.

Su negocio tuvo un gran salto cuando compró un autoclave, un recipiente hermético que esteriliza conservas mediante calor húmedo a elevada presión, garantizando la eliminación de bacterias, hongos y esporas y también la conservación del producto a largo plazo.

Con el autoclave sus productos pasaban de forma segura de tener 20 días de conservación a un año y eso le dio proyección a su negocio.

Al mismo tiempo que realizó esa inversión tramitó el Registro Nacional de Establecimientos (RNE), la habilitación sanitaria obligatoria en la Argentina para empresas que elaboran, fraccionan, envasan, distribuyen o importan productos alimenticios.

Cuando seguir creciendo le comenzó a demandar mayores espacios, decidió dejar de producir en su casa y buscar un espacio exclusivo para su emprendimiento. En marzo de 2025 Eduardo alquiló una propiedad en Alberdi y 25 de Mayo que reunía las condiciones para desarrollar todos los procesos productivos.

Instalado en su nuevo lugar y apostando a ir por más, contrató a una consultora para que lo guiara para tramitar el Registro Nacional de Productos Alimenticios (RNPA), que lo habilitó para la comercialización, transporte y circulación de su alimento envasado en todo el país. Luego obtuvo la certificación de producto libre de gluten.

 

 

¿Cómo apareció el nombre El Contento?, le preguntó El Comercial.

“Fue pensando en elegir un nombre simple, que representara algo que suceda con frecuencia, que fuera cotidiano”, comentó. “Y así surgió El Contento, que es como me siento yo cuando cocino”, soltó con emocionada expresión. “Prendo el fuego y me olvido de todo”, agregó. El Contento es también una marca registrada.

En su establecimiento transforma en escabeche entre 80 y 100 kilos de verdura por semana. Esa cantidad se transforma en dos variedades de escabeches: una de berenjena y cebolla y otra de pimiento de los tres colores, zanahoria y cebolla. Ambas se envasan en frascos de 360 gramos.

Eduardo cuenta que el crecimiento de sus ventas se fue dando especialmente por el boca en boca. Incluso, recordó que sus productos fueron testeados en sus inicios en reuniones de amigos, en peñas y asados, en los que recibía, además de elogios, la aprobación.

Equipo

En la empresa no está solo. Trabaja junto a su esposa, Sabrina Santaliz, que se encarga de las tareas administrativas, y colaboran con él su mamá, Martha Ferreyra; sus suegros Miguel Santaliz y su esposa Susana Escudero, y su cuñada Jésica Santaliz. Colabora con todos Isabella, la niña que hizo que este emprendimiento naciera. “Ella propone ideas, es muy emprendedora”, cuenta con orgullo su papá.

En la actualidad sus productos se comercializan en 10 puntos de la ciudad. “La idea es comenzar a llegar a la región”, proyecta.

Otro paso será también colocarle el código de barras a sus productos.

El Contento es la única empresa de la ciudad y zona que produce conservas a escala comercial.